martes, 12 de agosto de 2008
El sol salió y me cantó
|
Seguramente todos los amantes de la ciencia ficción recuerdan el atrayente film de Spielberg Encuentros cercanos del tercer tipo que a su atractiva trama le suma un conjunto de efectos especiales de muy alta calidad visual. En dicho film apreciamos no solo lo mencionado sino también y en particular el mensaje humanístico de estar abiertos a las experiencias que nos llevan a veces al más allá de nosotros, a las posibilidades de encontrar otras respuestas distintas a las cotidianas, más trascendentes y utópicas, pero no por eso menos válidas; así vemos a distintos personajes, quizás uno más en especial (quien finalmente es elegido por ellos y acompaña a los extraterrestres en su retorno) que parecieran responder a esa profunda inquietud interna encontrándole así un sentido a su vida. Las conmovedoras escenas finales nos remiten, de uno u otro modo, a ese gran enigma de la existencia terrenal: ¿de donde venimos?, ¿adonde vamos?, ¿estamos solos en el universo?. Durante el transcurso del film, mientras los científicos van recolectando pruebas para la preparación de este encuentro cercano del tercer tipo, en una de sus varias investigaciones, al llegar al desierto de Nuevo México reciben el testimonio de un hombre que había sido deslumbrado por una luz enceguecedora, que solo atinaba a decir: "el sol salió y me cantó", lo cual recién se puede comprender acabadamente en los instantes finales del film cuando los ovnis arriban al encuentro haciendo gala de una parafernalia de resplandecientes luces acompañadas de todo tipo de retumbantes sonidos en forma de afinados acordes musicales.
|


