FARO DE LA UTOPÍA

martes, 12 de agosto de 2008

El sol salió y me cantó

 


El sol salió y me cantó

Seguramente todos los amantes de la ciencia ficción recuerdan el atrayente film de Spielberg Encuentros cercanos del tercer tipo que a su atractiva trama le suma un conjunto de efectos especiales de muy alta calidad visual.  En dicho film apreciamos no solo lo mencionado sino también y en particular el mensaje humanístico de estar abiertos a las experiencias que nos llevan a veces al más allá de nosotros, a las posibilidades de encontrar otras respuestas distintas a las cotidianas, más trascendentes y utópicas, pero no por eso menos válidas; así vemos a distintos personajes, quizás uno más en especial (quien finalmente es elegido por ellos y acompaña a los extraterrestres en su retorno) que parecieran responder a esa profunda inquietud interna encontrándole así un sentido a su vida.  Las conmovedoras escenas finales nos remiten, de uno u otro modo, a ese gran enigma de la existencia terrenal: ¿de donde venimos?, ¿adonde vamos?, ¿estamos solos en el universo?.  Durante el transcurso del film, mientras los científicos van recolectando pruebas para la preparación de este encuentro cercano del tercer tipo, en una de sus varias investigaciones, al llegar al desierto de Nuevo México reciben el testimonio de un hombre que había sido deslumbrado por una luz enceguecedora, que solo atinaba a decir: "el sol salió y me cantó", lo cual recién se puede comprender acabadamente en los instantes finales del film cuando los ovnis arriban al encuentro haciendo gala de una parafernalia de resplandecientes luces acompañadas de todo tipo de retumbantes sonidos en forma de afinados acordes musicales.         
Esta pequeña introducción ha sido solo para dar una pequeña idea de los sentimientos que me acompañaron y surgieron en mí cuando en estos últimos días de julio tomé contacto telefónico con Swamiji (Sri Swami Pranavananda Saraswati) en su residencia de México. A la dicha y alegría de comunicarme con él y escucharle siempre tan lleno de vida y jovial, tan humilde en su grandeza y tan profundamente humano, le sumé un plus realmente extraordinario y muy conmovedor: ante un comentario mío sobre ciertas dificultades a enfrentar, el Maestro entonó repentinamente para mí una larga canción de aliento muy motivadora, que me llegó a lo más hondo del corazón; tan de sorpresa me tomó que a nada podía atinar, solo a escuchar mientras su poderosa voz atravesaba todo mi ser y barría mi alma por completo como un huracán de voz y sonido . La escena era realmente surrealista, mientras él proseguía con su poderosa entonación, y la luz de su espíritu me inundaba clarificándome, yo demudado nada podía contestar ni hacía falta tampoco, solo escuchaba y a la par surgía en mí la intuición que era ese un momento mágico, de esos que se dan muy de vez en cuando y que quedan grabados en nosotros para la eternidad: que el Maestro bendito emitiera en especial para mí el Grito Lejano en forma de canción era algo tan inesperado y tan tremendamente conmovedor que las lágrimas me afloraban, los sentimientos se agolpaban y mi espíritu se retemplaba y recobraba fuerzas, apenas pude luego balbucear mi agradecimiento ante tal muestra de humanidad y afecto, y quedó impregnada y perdurará por siempre en mi alma la hermosa impresión de que a mí también "el sol salió y me cantó".

 

 

 

 

 


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